Behemoth
es la banda que supo renacer tras un cáncer que llevó a Nergal, líder y
frontman, a un trasplante de médula. Tras una recuperación exitosa editaron
‘The satanist’ su décimo disco de estudio, larga duración. Durante el 2014 ‘The
satanist’ los llevó a emprender una gira mundial con la que aterrizaron en
Argentina nuevamente.
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Nergal es ese personaje misterioso, sombrío y atrapante que le escapa a las
etiquetas clásicas dentro del género. Con un año lleno de shows importantes
(entre ellos la banda se presentó en el Hellfest y en el Wacken, festivales
multitudinarios que se llevan a cabo durante el
verano en Europa) la banda emprendió giras por todos los continentes y
obviamente se acordaron de nosotros. Con varias visitas previas y con una
excusa más que significativa Behemoth volvía para presentar el disco más pesado,
complejo y oscuro que editaron en años. Si bien con ‘Evangelion’ dieron un
giro, ‘The Satanist’ nos muestra el presente de una banda que todavía quiere
quemar biblias y arder en el infierno.
De nuestra tierra cinco fueron las bandas soporte que telonearon a Behemoth en
un Teatro Flores que podemos definir como anfitrión de un fecha que se terminó
convirtiendo en un mini festival de Black. Muchos de los asistentes estaban en
la suya, algunos aprovechaban y compraban discos en el puesto de Icarus y otros
se abrazaban a la barra, mientras los del escenario hacían ruido. El ambiente
que se vive es de festejo y muchos se contentan al encontrarse con aquel
conocido que no veían desde el recital anterior. En el medio de mi recorrida por el Teatro se
filtró un pibe con un corpse paint improvisado. Matan S.A fue la banda que se
encargó de cerrar, con Wata al frente que, entre caripelas y gritos (qué
alaridos!), le dejo el escenario a punto caramelo a los polacos.
Cerca de las 22,00hs es cuándo el Teatro se entenebrece y empieza a cubrirnos
una pista que anuncia la llegada de ‘Blow your Trumpets Gabriel’. La entrada
triunfal de Nergal con dos antorchas prendidas fuego y un justo juego de luces
fue el comienzo de la misa negra. Un sonido que estaba lo necesariamente
preciso para que no me ponga en hincha pelotas y sólo reclame las voces, que
las sentí bajas en algunos sectores del Teatro. Pero más allá de las voces
Nergal tiene una puesta en escena envidiable y que lo lleva a ganarse al
público. Agita, interpreta, teatraliza, siente y trasmite.
La batería te perforaba el tímpano, que es como debe ser, y en líneas generales
el sonido fue fiel a lo que sale del mini componente lo cual es valioso por lo
difícil que es lograrlo en vivo.
Alentándonos con un ‘Argentina canten para mí’ llegaron gemas como ‘Conque All’
de ‘Demigod’ y ‘Christians to the Lions’ de ‘Thelema.6’.
El recinto a medio llenar permitía la movilidad sin tener que pedir permiso o
empujar. Estaban los que hacían pogo y los que lo miraban de parados. Estaban
las parejas inseparables (¿Behemoth se ve abrazado a tu pareja? Conté 9…), los
solitarios que agitaban desde el lugar y hasta una chica embarazada parada al
lado de la barra (quiero saber del futuro de ese bebé). Para todos los gustos y
lejos de ser algo inaccesible.
La lista aplanadora se valió de la genial ‘Ov Fire and The Void’ y ‘Alas, Lord
Is Upon Me’ ambas de ‘Evangelion’. El show del encapuchado le rindió honor a
Inferno, baterista, en más de un tema dónde las luces caían sobre él y los
músicos restantes tocaban a su alrededor; hasta tuvo su dupla clásica en ‘At
the Left Hand ov God’.
Y para el final lo mejor, tras un bis que nos dejaba expectantes volvieron con
el corpse paint retocado con líneas en rojo, antes ausentes, y todo listo para
encarnar a la magistral ‘O Father O Satan O Sun!’. Tema donde hacen uso de las
máscaras de los cuernos, después del instrumental que media la canción. Los
cuatro herederos de Satanás así plantados y estáticos permanecen hasta matar al
último acorde para luego desaparecer sin previo saludo.
Sí, frío, pero es así como se manejan los polacos que hasta el último minuto
dieron un show a la altura de las circunstancias y para no quemar (¡!) el clima
se fueron de escena sin desearnos buenas noches y decirnos que nos quieren, en
el fondo sabemos que es así.
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