Got the time.

Sí, nunca fuí muy ingeniosa para elegir nombres de algo, sea lo que sea, así que mientras escuchaba este terrible tema, dije: Tickin' in my head puede ser un gran nombre(!) y acá estamos..

01 febrero, 2020

La vida tras las rejas - Una experiencia desde el lado B


"No se haga el piola" le respondí a uno de los internos, no recuerdo que comentario hizo pero recuerdo mi respuesta, y las suyas: "¿Qué quiere decir no te hagas el piola, a ver?", repregunta, a lo que respondo "No se haga el vivo". Esas primeras frases fueron las que intercambie con un interno de la unidad 46 del Servicio Penitenciario de San Martín. 
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¿Qué hacía ahí? tomamos, junto a una amiga -Rocío-, el desafío de trabajar en enero dentro de la escuela de adultos que tiene el servicio para hacer talleres con un grupo de internos e internas. Llegamos el primer día y un oficial nos presentó el lugar, las aulas, y a dos internos que trabajaban en el área de limpieza de ese sector. Le preguntamos si había alguna necesidad institucional, algún requerimiento en el que podamos ayudar, ya que ambas somos psicólogas. El oficial sin rodeos, respondió: "Chicas, hagan lo que quieran, si quieren venir y tomar mate todo el día, lo hacen".

Al día siguiente nos cuentan que íbamos a trabajar con dos grupos alternados. Los primeros 15 días mujeres y los siguientes 15 días con hombres. Y así fue como decidimos pensar actividades para conocernos, romper el hielo y acercarnos un poco más a cada interno e interna y planificar en función de sus necesidades e intereses. 

"El desafío de las chicas"

Primer día. Eran las 10.00hs y estábamos entrando al aula designada, las chicas a partir de ese horario esperaban a que las encargadas -oficiales- las vayan a buscar a los respectivos pabellones. Esta rutina solía demorarse mucho; no solo porque antes de las chicas siempre bajaba el grupo de internos -y no se podían cruzar- sino que a veces había requisas, recuento de internas, salidas de otras internas de otros pabellones con quienes tampoco se podían cruzar, con lo cual la espera solía ser de hasta 40 minutos. Ese primer día aguante las ganas de hacer pis, hasta que viendo que tardaban en bajar, voy al baño. Cuando vuelvo, estaban todas las internas entrando al aula, y en ese momento pensé en Rocío que estaba sola. Entré y salude. Hice un recorrido visual por las caras de las internas, y sentí como sus miradas recorrían y seguían nuestros movimientos. Sentí nervios. Escalofríos. Nos presentamos, presentamos el taller, la idea que teníamos, y les pedimos que escriban expectativas que tengan en relación al taller en unos papeles que fuimos repartiendo.
Es ahí donde una de ellas, la voy a llamar R, se para y se acerca a mí, Muy cerca, podía sentir su respiración, me tocaba el cuello, el pelo, me hablaba muy cerca de cosas que eran inteligibles, inconexas, mientras hablaba me miraba fijo y tenia movimientos estereotipados que me desconcertaban. Yo daba un paso atrás, ella uno al frente. Yo sacaba sus manos de mí, ellas las volvía a poner. Sostuve la mirada en ella hasta que no pude más, en ese momento ella se fue. Con el correr de los días me entere que ese acto que ellos hacen donde "miden" a la persona nueva que tienen en frente se llama "quebrar". Me había quebrado. A quien no logro quebrar es a Rocío, quien siempre logró sostenerle la mirada, sobre todo cuando R le contaba los motivos por los que estaba presa. 

Además de R, quién resultó ser la referente del pabellón, había 14 internas más. Había dos señoras del pabellón 1 que nunca más volvieron -parece ser que por una pelea que hubo- había señoras grandes, una de ellas la voy a llamar J, que siempre te daba doble beso y te decía "que el señor la proteja". También estaba Y, que se iba del aula todo el tiempo y se paraba frente al aula de los varones a saludar a su "primo". Estaba M, la más pequeña de todas, con solo 24 años, y su novia N de 39 años. Estos datos son los que pude incorporar ese primer día.

Ah!, casi me olvido. Cuando se van el primer día R y N se pelean con un interno del lugar, esos que les conté que se encargaban de la limpieza. R lo amenaza "logi que te pone el moño, mañana vengo y te abro todo gato". Le gritaba mientras la oficial a cargo los separaba y se llevaba a las chicas. 

Al día siguiente de 15 vinieron solo 5. No sabíamos si la pelea había incidido o no. Estaba J, con su paz, A que nos contó "nunca me meto en quilombos, ni en peleas, no me gusta", estaba A que hace manualidades con cobre y esmaltes de uñas -los arbolitos dela vida-, estaba M2 que nos dijo "estoy triste porque estando presa me mataron a dos hijos, no tenía ganas de salir del pabellón, de hablar, de hacer cosas. Pero las chicas me dijeron que me anote en el taller que estaba bueno" y por último. estaba B, que nunca habló.

A medida que pasaron los días fuimos conociendo a cada una de ellas. Cada historia...

J nos contó que estaba presa por defender a su hijo; éste tenía en su casa mucha droga y plata, cuando cae la policía a hacer un allanamiento estaba J que se hizo responsable de todo, para que su hijo no este preso. Lleva 11 años presa. Quiere salir porque su patrona la está esperando. Ella trabajaba cuidando a un niño. Dice que desde que esta presa la patrona la fue a visitar y qué, cada tanto, puede hablar con los chicos que cuidaba.                                                                             

Cada interna se volvió especial para Rocío y para mí. Podíamos darnos cuenta si estaban bien o no. Y llegamos a un punto donde pudieron abrirse y contar sentimientos y emociones. Uno de esos momentos fue cuando, trabajando con letras de canciones, las chicas coinciden en que el dolor físico duele menos que las palabras. Nos arremangamos y explicamos las diferencias que hay entre dolores físicos y psíquicos, que son, como abordarlos, como tramitarlos o al menos empezar a poner en palabras aquello que siento y no sé muy bien qué es. Acto seguido Rocío me cuenta que A le había mostrado una herida en el antebrazo, profunda, abierta, "podía verse todo" me dijo Ro. Por suerte uno de los temas que íbamos a trabajar con ellas eran los primeros auxilios. Porque para creer o reventar las heridas, los cortes, y todo aquello que debe ser atendido por sanidad -servicio médico dentro de la cárcel- demora más que el SAME según las chicas. 

Las situaciones de abuso, de poder y de maltrato son moneda corriente. Cuando les preguntamos de que manera resisten se quedaron pensando, buceando en su memoria. Hay que resistir y dormir con un ojo abierto y uno cerrado. Casi todas coinciden en que aquello que les da fuerza para seguir adelante es pensar en sus hijos, nietos, sobrinos. Casi todos menos dos de ellas, M y N, eran madres. Elegían no ver a sus hijos para que estos no tengan que pasar por las requisas "donde te rompen todo, te abren las cosas y los revisan como ya sabes" decía R. Claro, en la cárcel el servicio no deja ingresar paquetes cerrados de galletitas, caramelos oscuros -todos deben ser los cristal transparentes- tampoco bebidas que sean oscuras por el mismísimo motivo de evitar que se ingresen cosas al penal que no deberían entrar. Ojo, eso sí, J contaba que "requisan a los familiares de las internas que tienen buena conducta, porque los familiares de las más jodidas entran así no más". 

Casi todas tienen celulares escondidos que generalmente duran hasta la requisa que toque: "... y ahí te los sacan, pero después esos mismos encargados -oficiales- te los venden. Acá nadie controla nada. Somos 10 internas en una celda de 4. Si la mano viene jodida estamos engomadas 23 horas al día. Nosotras no tenemos escuela, y no salimos a trabajar tanto como los varones porque esto es cárcel hace poco para mujeres, antes era una alcaldía, yo estuve detenida en una comisaria 11 meses, no tenemos nada para hacer", decía M2.  

Hicimos muchas actividades diferentes, hasta un cine debate viendo la película de Rodrigo, pero cuestionando relaciones de familia, amor, respeto, consumo, responsabilidad y trabajo. Analizamos canciones y fábulas, hicimos dinámicas para conocerlas más y que se conozcan entre ellas; así llegaron frases como: “Fijate que nosotras somos las más jodidas de acá adentro y venimos nos portamos bien (guiño)” y sí, adivinaron, la frase es de R, la sentencia que afirma su aprobación. Porque también nos enteramos que ella es la que decide que se hace, que no, quien se anota a los talleres quien no, etc.
Así llegó el último día. Nos habíamos encariñado muchísimo con el grupo, porque al ir pasando los días R y N trabajaban y participaban. "Y" ya no se escapaba del aula y salvo las dos internas que nunca más bajaron, la asistencia era casi perfecta -salvemos los días de visita y los días de lluvia que nosotras no fuimos porque el acceso al penal se inunda-. Hasta las encargadas de la escuela nos decían que las chicas estaban contentas y que querían venir al taller.

El último día compartimos un desayuno y a cada una le dimos un regalo (chocolate y caramelos que no les dejan entrar a sus familiares) y pensamos para cada una de ellas una frase. Al llamarlas y leerlas casi todas se emocionaron mucho. J nos abrazó, nos dijo que nos quería mucho y agregó "gracias por tratarme como a una persona, con ustedes me di cuenta de lo que puedo hacer", M estaba muy angustiada ese día. Me contó que intentó suicidarse ahí dentro 3 veces y que no tenía ninguna amiga ni persona de confianza. "Yo no hice nada y estoy acá hace dos años, yo no me drogué nunca y no fumo, además terminé la escuela. Mi mamá estuvo presa 10 años y ahora se quieren vengar conmigo. Ella tiene la culpa. Yo quiero estar bien por mi papá en realidad porque soy su orgullo, soy la única, de sus hijos, que terminó la escuela. Yo no quiero llamarlo todo el tiempo porque lo pongo mal pero lo extraño" La abracé muy fuerte, contuve las lágrimas y le di herramientas para que no esté sola para que pueda pedir ayuda y fortalecerse. Después hablé con N, su novia, y le pedí que la cuidara, N también se angustió y se le llenaron los ojos de lágrimas, que en seguida intentó ocultar. Era la primera vez que la veía angustiada, también me abrazó, me pidió un contacto para poder pedir ayuda si pasaba algo y me agradeció las palabras. 

Cada historia es tan dolorosa como fuerte. Ellas saben que "si estamos acá no es por santas" pero rechazan las formas de control y abuso que las deshumaniza. Deshumaniza tanto este sistema que cuando las conocimos y les pedimos que escriban sus expectativas firmaban poniendo apellido y por ejemplo “P03C2” que significa Pabellón 3, celda 2. Eso es para ellas su identidad, quienes son ahí dentro. Cada una resiste y sigue adelante como puede. Hasta R que decía "Mis viejos son re caretas y sus 7 hijos les salimos todos chorros y asesinos" pudo mediatizar entre ira y acción cuando le rompieron el equipo de música que tenía. Ahí los aplausos son para Rocío que habló con ella y le decía que se acuerde de lo trabajado. A las dos horas R le dice: "mira como lo estoy arreglando" y señala a uno de los chicos que la estaba ayudando. 

Reflexionando sobre lo que viví, escuche y ví, pienso... ¿Es el sistema carcelario el indicado para rehabilitar? ¿Esta rehabilitación puede prescindir de tratamientos psicológicos, farmacológicos y de la intervención de otras ramas como la terapia ocupacional? ¿Todos necesitan el mismo tratamiento para la re inserción social? ¿Es la re inserción social la meta del servicio penitenciario? ¿Sino es esa, cuál es la meta? ¿Qué esperamos como sociedad de la gente que sale de la cárcel?

Con todas estas preguntas en mente, llegamos al momento del cambio de grupo:

"El Desafío de los varones"

El momento de encarar al grupo de hombres nos encontraba con menos energía, sabíamos que eran más tranquilos que las chicas, pero a la vez era un grupo más numeroso, 20 internos en total. Internos qué, supuestamente, respondían a las consignas de trabajo planteadas por las docentes anteriores… o al menos eso nos dijeron.

Al entrar al aula y presentarnos nos empezaron a cuestionar y no nos dejaban terminar de hablar. Preguntaban todo el tiempo por el diploma y no sabíamos a que se referían. Intentamos presentar las posibles ideas de trabajo para que voten a ver en qué tenían más interés con el fin de motivarlos un poco más. Tengo la feliz idea de escribir en el pizarrón temáticas, entre ellas, violencia y uno de los internos, que vamos a llamar T –presentaba una traqueostomia- que dificultaba que entendamos bien que quería decir, cuestiona “porque pones violencia en una cárcel”, “porque existen distintos tipos de violencia y seguro ustedes sufren alguna de ellas, que tipos de violencia conocen” preguntamos. Así fuimos desarmando hasta abordar y definir violencia institucional y sin saber muy bien cómo esa respuesta lo conformo. Además de violencia escribimos responsabilidad y como ejemplo pusimos el hecho que está en boca de todos: los 10 rugbiers que asesinaron a Fernando. Inmediatamente se generó un debate, posturas encontradas pero coincidentes en un punto “son pibes chetos, seguro safan” “si hubieran sido 10 negros de la villa ya estarían presos como cualquiera”. Así fueron comentando sobre las temáticas, decidimos proponer un taller de orientación laboral y para nuestra sorpresa fue una de las cosas más votadas. Cerrando ese momento de presentación de ideas y votación, les decimos que vamos a trabajar la primera semana con orientación laboral y la segunda con “responsabilidad y emociones”. Obviamente la cosa no quedaba ahí, uno de los internos que vamos a llamar E se sumaba a los cuestionamientos de J y nos dijo que no se entendió nada de lo que dijimos, y que nada tuvo un cierre o una conclusión. Explicamos que fue de ese modo ya que era la presentación de cada tema, y que además, en psicología las cosas no concluyen sino que se piensan y esa era la idea. Fin del primer día. Más dudas que certezas. Más ansiedad que disfrute. Estábamos frente a un grupo de gente que media cada comentario y palabra y se agarraba de eso para enfrentar “ustedes no entienden porque no están acá, venir de afuera a decir esas cosas es fácil” .

Taller de orientación laboral

La propuesta más difícil de llevar adelante, la más desafiante. Dividimos el taller en tres días y ejes temáticos. ¿Qué información brindo? ¿Cómo manejarse en la entrevista laboral? ¿Cómo confeccionar un CV? ¿Cuáles son los objetivos? Y a cada una de estas preguntas siempre E y T cuestionan “a nosotros nadie nos da trabajo porque tenemos antecedentes penales” “yo nunca fui a una entrevista, y nunca voy a ir” “¿sabes lo que pasa? Que la gente ve que tu dirección es de una villa y te echa fli”. Así eran los varones, nos abrían frentes de batalla todo el tiempo y cuando dábamos una respuesta ya había otra pregunta en puerta. Las cosas empezaron a calmarse cuando les dábamos información, sobre sus deberes y derecho, y sobre aquello que deban y sea obligación informar y sobre aquello que no –por ejemplo antecedentes y dirección de residencia- pero lo que más nos sirvió para quebrar ese pensamiento negativo de E y T que solo llevaba a emociones de frustración y conductas evitativas fue el relato de un interno que vamos a llamar J:

¿Le cuento una profe? Resulta que una vuelta estaba yendo a una entrevista laboral en el tren vio?, y estaba fumando un churro así de grande –señalando su dedo meñique-y corte que cuando estaba por bajar del tren lo apague y lo guarde en la carpetita. Cuando llegue me hicieron pasar por un lugar y a una oficina, ahí me recibió un tipo y lo salude con la mano –hace el gesto de estrechar las manos- y el chabón me pide mi cv entonces se lo doy y cuando abre la carpetita estaba ahí, arriba del CV el porro!!!! Entonces me quería morir, y le dije “uy, disculpe eh” y lo agarre y lo guardé. Y después el trabajo me lo dieron igual porque era para manejar un clarck y yo tenía experiencia.

Así fue como fuimos derribando mitos, fortaleciendo sus habilidades y poniéndolos a pensar como harían una entrevista. Hicimos un rol play entre ellos que fue un éxito, porque además de preguntar y responder tal como habíamos visto se divirtieron un montón. Y el día de cierre los hicimos escribir sus propias cartas de presentación, donde descubrieron que tenían más de lo que creían para dar.

La última semana abordamos “responsabilidad y emociones” trabajamos con noticias periodísticas, canciones, e historias de personales. Pero lo más nutritivo de esto fue ver como ellos mismos iban abriéndose emocionalmente como las chicas. Si, este proceso nos llevó más días, pero lo logramos, y lo reconocieron como decía un interno que vamos a llamar G “hace dos o tres días que siento que llegaron a nosotros y nosotros nos vamos de acá y seguimos debatiendo sobre lo que vimos”.
El hombre además de medir más y poner otra distancia tiene una coraza. Se muestra fuerte todo el tiempo y descreído. Nada le interesa. Solo piden “pronta libertad” pero para eso necesitan los famosos diplomas que certifican que hicieron dentro del servicio y eso es lo que ante el juez “suma puntos”. Por eso E un día dijo “acá son todos caretas, todos vienen por el diploma, no les interesa nada de lo que ustedes dicen” el grupo salió al cruce “habla por vos gordo” “no somos todos como vos”. E también dijo que “hacía un par de laburitos más y se retiraba” cuando Rocío escucha esto, lo retoma y le pregunta ¿pero ese tipo de laburitos te pueden volver a traer acá, no te importa? A lo que E responde “y no, ya fue, son las cosas del oficio” Y con estas cosas es que entendemos que hay gente  que saldrá a reincidir sistemáticamente, ¿será esto consecuencia de la falta de atención y tratamientos dentro de la cárcel? “Acá si trabajas en carpintería te ponen a sacar clavos, no te enseñan nada y a veces te sacan el carnet para salir a trabajar de la nada”, “A mí el juez me niega las salidas transitorias por el informe que hizo el psicólogo. Ese chanta es ciego y me preguntó si yo tenía ganas de acostarme con mi mamá ¿qué le pasa?”, “Yo pedí turno para el psicólogo pero te dan de acá a 3 meses y ya fue, cuando me toca ya no tengo ganas de ir”.

También ellos reconocen que si están ahí es por algo, la mayoría lo define como “por cosas de la vida” o “desgraciadamente me toca estar acá” pero saben que es por responsabilidad propia. Lo que no tienen es la posibilidad de re insertarse en la sociedad porque salen igual que entraron. La mayoría sin estudio, sin oficios y sin tratamientos. “Acá aprendes a sobrevivir, a hacer la tuya… yo aprendí a hacer yoga y boxeo y descargo por ahí, hace 11 años que estoy y me quedan 6, si pienso en eso y que toda mi vida estuve acá por algo que no hice me tengo que pegar un tiro” esto lo dijo C que me contó que lo acusaron de doble homicidio pero que él no fue y que aun presentando testigos a favor, lo condenaron.

Con Rocío nuestras frases siempre eran: “No nos importa porque están acá, por eso no preguntamos, vamos a hacer el taller como la haríamos en cualquier lado. Si el motivo por el que están acá es salir del pabellón y distraerse, tener el diploma o porque realmente quieren, quedara en ustedes, lo que sí sabemos es que estando acá algo se van a llevar”.

Y así fue, el último día compartimos el desayuno, y al entregar los diplomas nos dijeron que J se había ido por un beneficio, nos pusimos muy felices y aplaudimos. Ojala algo de lo trabajado con él haya hecho mella y al menos no vuelva a presentar un cv con un porro arriba! Pero también nos llevamos agradecimientos eternos, regalos, poemas y canciones escritas para nosotras y la actividad final que era que piensen ¿Qué tienen para dar? Y lo puedan plasmar en unos papeles y pegar en un afiche, quisieron que nos los llevemos porque así no nos vamos a olvidar de ellos.


No nos vamos a olvidar posiblemente, porque esta experiencia fue tan nutritiva y enriquecedora que atravesó y nos dejó una marca, una huella. La misma que les dejo a ellos cuando hablamos del tema “dejar un huella” y la misma frase que me gritó M, el interno con el que charlé por primera vez “no te haga la piola profe, y sabes qué es esto?? Es una huella” señalando el regalito que le habíamos dado con Rocío.