Un año más nos atraviesa. Un año más donde la inmensidad de la vida nos hace pequeños y quedamos expuestos ante ella. Un año más en el que se acerca tímidamente un nuevo 30 de Diciembre. Muchas cosas son diferentes a aquel 30 de Diciembre del 2004 pero otras siguen intactas, como si el tiempo no hubiese pasado. Hoy, 30 de Diciembre del 2013, se cumplen 9 años de Cromañon. Pasaron 9 años desde aquella madrugada donde miles de adolescentes enfrentaban una batalla entre la vida y la muerte. 9 años de una tragedia que hizo llorar a Argentina por la pérdida de 194 personas y de miles de heridos que van a llevar consigo la marca de haber estado en Cromañon esa noche. Sigue intacto el dolor y la angustia que no deja respirar y entrecorta el aliento cuando se recuerdan esas imágenes crueles y devastadoras. Imágenes que invaden tus sueños, pensamientos y te llevan una y otra vez a Bartolome Mitre al 3000.
En lo personal no tuve a ningún familiar, amigo, conocido o lo que sea en Cromañon el día del incendio y de alguna u otra manera sigo anclada al hecho. Me generó un dolor terrible, angustia y desolación. Es inexplicable. No tendría lógica si no me paso nada a mí o a los míos, pero creo que el punto es ese. Cromañon NOS pasó a TODOS. No necesariamente tuviste que haber perdido a tu amigo o hermano, pareja o hijos para sentir esa movilización que te emociona hasta las lágrimas cuando pensas en esa noche. Sin duda alguna aquellos que sufrieron la pérdida lo viven con una intensidad que no se puede entender. Ninguno de nosotros se puede poner en el lugar de alguién más. El dolor de una madre no se comparte ni se entiende, sólo se acompaña y se alivia cuando luchan y piden justicia y se apoyan en el amor de los que quedaron.
Ver documentales, escuchar entrevistas, testimonios e imaginarte cada movimiento dentro de ese boliche no te hace vivir lo que vivieron esas casi 3000 personas que estaban ahí dentro. Pero te choca, inquieta y te lleva a pelear para que realmente no haya que volver a lamentar víctimas. Cada anécdota es especial y particular. Ninguna se parece a otra. Madres que lloran la pérdida de un hijo pero se alegran porque sobrevivió otro de sus hijos. Amigos que se desencontraron adentro y se vieron afuera. Personas que se desvanecieron dentro, por la inhalación de los gases tóxicos, y que se despertaron en un hospital y no saben cómo o quien los salvó.
Cromañon nos pasó porque no se cumplió con nada. Ni con las normas de habilitación, ni con el sistema de emergencia (luces y puerta abiertas), los planos del lugar no coincidían con el espacio físico real y la labor de los funcionarios públicos no fue la que debía ser. Y como si todo esto no alcanzará no se le dio la importancia debida a un principio de incendio unos días antes, que se pudo controlar, mientras tocaba La 25.
Algunos calman su dolor culpando a la banda porque accedió a tocar en un lugar rebalsado y con visibles irregularidades. Otros lo hacen apuntando a los funcionarios públicos que no cumplieron con su trabajo. Otros le ponen las miradas al gerente del lugar (Omar Chabán) y al manager de la banda (Diego Argañaraz). Sinceramente creo que Callejeros no sabía de las irregularidades de Cromagnon y en cambio su manager y el gerente sí. Como así también pienso que una bengala o una candela pudieron desatar el horror pero lo que realmente falló es el escalón anterior, un control correspondiente y preciso.
Lo que dejó Cromañon es una lista enorme de personas que ya no están. Cortó sueños, cortó vidas que tenían mucho por delante. Dejó un sabor amargo que no se va con nada. Dejó un santuario en frente de donde funcionaba el boliche y uno puede ver cada vez que pasa por ahí como se acerca la gente y deja una vela, un rosario, una flor, una carta… o simplemente se sientan en los banquitos que están al frente y lloran, desahogan y están tildados como si la vida tuviera una pausa. El dolor es el mismo sólo que los palos de la vida nos hacen fuertes y nos hace entender que no podemos dejarlo todo. Nos hace entender que si nosotros respiramos y estamos vivos es porque todavía podemos hacer algo. Y por más que no exista una receta exacta para superar ese duelo guardamos el dolor en una cajita con un candado y seguimos enfrentando cada día de nuestras vidas en memoria y honor de los que ya no están. Hoy brindemos por los pibes, por los que sobrevivieron y por las familias interceptadas por Cromañon.










