Lunes nuevamente. Y la lluvia lo hacía más depresivo todavía. Garuaba finito y se sentían las ráfagas de viento pegar en la cara. Lunes. Comienzo de semana. El ánimo no era el mejor. Había descubierto una manzana que había quedado en la mochila que llevaba al colegio. La tenía encima con la intención de comerla en lugar de comerse un alfajor. Pero volvió a ser lunes y la manzana seguía ahí, en la mochila. Intacta. Cuando la sacó se la quedó mirando. No estaba chamuscada, golpeada ni blanda. No parecía haber estado una semana escondida del sol. La dejó en la frutera de su casita, estaba seguro que de llevársela otra vez hubiera quedado olvidada entre sus cuadernos.
Era martes y la manzana seguía en el cuenco que funcionaba de frutera, nadie la había comido. Era la única fruta que había. Como casi todas las noches se escuchaban los gritos de los padres discutiendo. Tras las paredes descascaradas de la cocina estaba la pieza de uno de los niños. Éste escuchaba toda la pelea mientras fingía estar dormido para que no lo reten. Se asustó cuando escucho ruidos de cosas que se rompían y a su madre llorar. Pensó que se había cortado lavando los platos o que se había roto, por un descuido, algún adorno u objeto de valor para ella y de ahí el llanto.
El miércoles también llovió; cuando el nene pasó por la cocina antes de irse al colegio vio que la manzana que había dejado estaba en el mismo lugar, sola. Algo en ella le llamó la atención. Se arrimó a tocarla pero como la notó blanda y la vio algo amarillenta la dejó y se fue pensando qué iba a merendar en el recreo, la plata no le iba a alcanzar para un alfajor.
El jueves a la tarde cuando regresó a su casa no había nadie; revisó la alacena buscando algo para merendar pero sólo quedaba un paquete abierto de galletitas dulces, algo húmedas. En la frutera todavía estaba la manzana. El aspecto externo de la fruta estaba deteriorado. Su color era marrón y por zonas estaba abollada, como si se hubiese golpeado muchas veces contra el suelo. Como si hubiese estado mucho tiempo expuesta al calor y ya no era un alimento comestible confiable. Estaba podrida y lo único que se podía hacer era tirarla a la basura. Como si eso fuera suficiente para olvidar el estado de las cosas, para dejarlas atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario